Esta es una continuación de la primera parte: Krishna y el saber indígena 

Casa de descanso Govinda Dam

La hacienda de Govinda tenía 3 niveles donde se desarrollaban actividades. En la parte de abajo, junto a la carretera, un terreno aplanado, y con algún pasto crecido por los lados, servía de parqueadero de vehículos. En la cumbre, sobresalían 2 levantamientos en madera, un lavadero de ropas y un baño. Una carpa adaptada con soportes metálicos cubría instrumentos musicales y sendos equipos de audio desde donde resonaba música electrónica.

El sonido hacía vibrar el suelo y los ritmos se sentían de pies a cabeza. La música no paraba y muchos de los Hare Krishna contoneaban sus cuerpos como si conocieran los ritmos décadas atrás.

A un lado de la carpa, en una cocina de tabla, 5 mujeres hacían de comer para todos. Muy cordialmente, una dama arropada con telas largas que cubrían todo su cuerpo, se acercó a ofrecernos una bebida con un nombre que no alcancé a comprender. Al principio creí que era limonada endulzada con panela porque su color era marrón y olía a limón. Al tomar el primer sorbo la sensación fue distinta y el líquido me supo a anís.

Cuando acabé con la bebida comencé a recorrer el lugar para saber con qué particularidades me encontraría. Encontré que una de las construcciones de madera servía para que algunos fieles pudieran dejar sus pertenencias. Pocos entraban y salían de allí. Lo opaco de la puerta contrastaba con un grabado de una figura parecida a un collar de oro. Encima una inscripción decía Devotos.

Por fuera, rezaba un mensaje en cada tablón de madera. Las tablas de arriba repetían 4 veces hacia abajo la frase HARE KRISHNA. Después, otras 4 hacían lo mismo con otra frase: HARE RAMA.

Eco truly, algo más que refugio

Eco truly

Si hubo algo que llamara mi atención fue una figura ovalada pintada a mano que sobresalía de la vegetación. Por fuera 2 tonalidades de naranja separadas por líneas azules en forma de llaves matemáticas cubriendo el cemento que no superaba la altura de la entrada. Una seguidilla de troncos de caña de azúcar forrados en plástico servía de techo. En cada extremo de éste, 4 ventanas triangulares representaban cada uno de los puntos cardinales. Más arriba, en la cúspide, una figura similar a una jaula de pájaro (sin pájaro) cerraba la construcción.

Truly, así llaman los Hare Krishna a este tipo edificación. La tradición reza que todo aquel que quiera en él, debe hacerlo completamente descalzo. Se dice que es para evitar ingresar al recinto energías negativas que afecten la armonía del lugar. Como mi intención era conocer el lugar sin llamar la atención, dejé mis tenis en la puerta e ingresé con sigilo.

Adentro, conocí su arquitectura artesanal. Una arquitectura que da prioridad a los troncos de caña sobre os soportes metálicos tradicionales. Clavados en el suelo de concreto, y unidos desde la jaula de pájaro, los tallos evitaban que todo se viniera abajo. Desde el techo colgaban varios racimos de naranjas.

Un pequeño altar azulado reposaba en un lado del Truly. Sobre él había objetos con formas alegóricas a la tradición Krishna. Entre los adornos representativos, varias fotografías de líderes espirituales de cabeza rapada o de barba blanca, mostraban la sucesión de autoridad. Uno de ellos, el primero de izquierda a derecha, tenía aparte un busto hecho en metal. Era Bhaktivedanta Swami, fundador de la ISKCON, que no es nada más que la Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna; uno de los movimientos espirituales más reconocidos en el mundo por su devoción a esta deidad.

En una silla de madera, donde nadie se sentaba, reposaba una fotografía con marco de lentejuelas brillosas. En la imagen, un señor de barba grisácea, arropado con prendas color azafrán, posaba ante la cámara mirándola fijamente. Mientras desprendía una ligera sonrisa, en sus manos sostenía un collar de flores. A sus espaldas, sobresalían más construcciones ovaladas como en la que estaba, salvo que aquellas eran de color terroso.

Interior de truly
Altar de líderes espirituales   Línea de sucesión espiritual de la escuela visnú    Interior de trully

Ciertos cuadros pegados en las paredes hicieron que quitara mis ojos del hombre de barba. Me topé con una niña morada con cadenas doradas que desprendía una simpática mirada; también con pinturas de reses emperifolladas y algunos elefantes meditabundos. En otra parte del Truly, un león con cuerpo de humano abría con fiereza el abdomen de un hombre. El intestino delgado del inmolado circundaba el cuello del felino, mientras que un niño miraba exultante el acto salvaje.

Justo debajo de la niña morada de mirada agraciada, permanecía sentado un diminuto personaje de ropas blancas y cabello largo. El marrón de su piel discrepaba con la camisa de guayabera cuya manga le cubría hasta las muñecas. Un denso hilo de pelo descendía por su labio superis hasta dar la forma de un mostacho. Su nombre: Lwntana Nacoggi un indígena proveniente de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Si te ha gustado puedes ver la tercera parte en: Lwntana Nacoggi y su mensaje para el mundo de las impurezas

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