Había recibido una invitación de mi padre para presenciar una serie de conferencias a las afueras de la ciudad. Se trataba, según él, de un acercamiento especial entre varios tipos de creencias.

Un gurú devotó de Krishna, llegaba a esta parte del planeta para dialogar con sus fieles e iniciar ceremonialmente a nuevos creyentes.

También haría presencia un mamo, o máxima autoridad espiritual de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, interesado en reflexionar sobre la “sabiduría del origen”.

En anuncio de Facebook, los personajes se unían en un abrazo. Al pie de la imagen, la invitación: decía que eran amigos, que el encuentro iba a ser enriquecedor; que darían un mensaje de gran importancia para la humanidad.

Por más curiosidad que convicción acepté el convite. Partimos a las ocho de la siguiente mañana.

ACLARACIÓN: para evitar un texto demasiado denso, la narración se publicará en varias entradas. Esta es la primera y comienza más o menos así:

 

Pamplonita, Norte de Santander, en algún lugar de la carretera rumbo a Bucaramanga.

La cita estaba programada para las once pero era difícil llegar a tiempo desde Cúcuta. Los tiempos de viaje comenzaron a cambiar desde que el régimen de lluvias del 2012, arrasó con buena parte de la infraestructura terrestre nacional, dejando al asfalto poroso e intransitable.

Muchos meses después de la tragedia ambiental iniciaron las obras de recuperación. Sin embargo, la tardía acción del gobierno ante esta catástrofe agravó la situación. De aquella ruta de importancia nacional que unía a Venezuela con el centro del país, solo quedaba el nombre.

Kilómetros después de dejar la ciudad, aparecen en escena los primeros bloqueos de la carretera. Apartados del polvo, ingenieros emperifollados mandan a todos sus obreros a realizar tareas concretas: algunos extraen con maquinaria piedras del tamaño de una casa, otros retiran los pequeños escombros de un viejo pavimento, y unos más dan forma a las próximas zanjas del sistema de desagüe.

Una pandilla de seis, con overoles cubiertos por el lodo, conecta una manguera a un camión cisterna, mueven su válvula de salida y riegan el terreno a grandes chorros de agua; luego verifican que todo esté compacto.

Justo cuando se cree que una expectativa indeterminada puede causar algo de desdén, el olor a tierra mojada compensa cualquier viacrucis como viajante.

Luego de una hora de arreglos urgentes, se autoriza el tránsito a un solo carril. Una paleta roja con la señal de pare mantiene en alerta a los conductores de un lado. Pasan unos cuantos minutos, aparece la caravana en dirección a Cúcuta.

Cuando el último vehículo superó el bloqueo, la paleta giró 180 grados. La señal se tornó verde y un “SIGA” en letras blancas acababa con la espera, la circulación hacia Pamplona estaba autorizada.

Dos horas de viaje, desaparecen las obras.

Metros más adelante, justo al pie de la carretera, una hacienda de dos hectáreas de dimensión mostraba el punto de encuentro: la eco-aldea Govinda Dham.

Casa de descanso Govinda Dam

 

Con rastrillo en mano, varias personas limpiaban la maleza de un pasto recién cortado. Una mujer, que llevaba dos esmeraldas por ojos, recibía a todos los asistentes con una serie de preguntas:

        – Bienvenidos, ¿de dónde vienen?-inquiría interesada.

– ¿y cuál es su comunidad?

– Si no pertenecen a ninguna, ¿entonces quién los invitó?

-¿Del restaurante vegetariano?

– Muy bien, son 10 mil pesos.

Pausa de un minuto, todos se miran. La mujer divisó algo en el cielo y procuró ante los presentes el dinero.  La suma recogida soportaría según ella los gastos de un almuerzo “muy especial”. Variaba la entonación cuando decía “muy especial”, lo hacía de una forma particular, como si adornara a cada letra con armonía gustosa.

A todo aquel que pagara le distinguía una pulsera de tela verde. Los datos de cada contribuyente se depositaban en un cuaderno blanco. La punta del lápiz rayó el margen inferior de la página. Hasta ese momento la convocatoria era más que buena.

Si te ha gustado puedes ver la segunda parte aquí: Truly: La asombrosa arquitectura Hare Krishna

Rating: 5.0. From 1 vote.
Please wait...