Reguetón, reguetón, reguetón. Nace como una subcultura puertorriqueña influenciada directamente por el hip hop de los Estados Unidos, el dance hall jamaiquino, y las primeras creaciones de reggae en español panameño. En sus inicios, comenzó a sonar en discotecas, pero fue en los llamados “partys de marquesina” donde consiguió mayor arraigo popular de la juventud boricua, dado que estos eventos tenían como sede a distintos barrios marginales de la isla.

Debido a la herencia afrocaribeña, surgió el perreo como danza “de sangre caliente” y de alto contenido sensual (censurable en cientos de lugar). En ésta, mujer y hombre, intensifican el contacto físico, baten las caderas de distintas formas y emulan, en pocas palabras, un acto sexual.

A principios del año 2000, el ritmo comenzó a globalizarse, dando origen a un boom reguetonero. La industria musical fijó sus ojos en un grupo de cantantes (venidos en su mayoría de entornos de pobreza, violencia y desigualdad) y masificó no solo sus letras y ritmos pegajosos, sino también ciertas formas de expresarse con un español bastante deformado.

Sin embargo, se hace necesario reflexionar sobre el reguetón como un fenómeno social que más allá de ser un ritmo pegajoso que invita al libertinaje, y pensarlo como un objeto de estudio académico.

De ahí que dentro de lo conocido como la música urbana del momento, puedan encontrarse una serie de códigos éticos, patrones de conducta, identidades sobre la latinidad, conceptos de familia, designación/imposición de roles y no menos importante, la propagación de imaginarios sobre el uso de las drogas, el narcotráfico y la delincuencia como fuentes de éxito.

Es decir, que a través de este tipo de música muchas personas entienden la vida y se relacionan con los demás.

La mujer como objeto de consumo

Para Gómez (s,f), en la estética del reguetón existe “la reafirmación de un modelo absolutamente tradicional de masculinidad, basado en la autoafirmación a través de la fuerza, el poder económico y una posición hacia la mujer como otro objeto más de ostentación”. En el video se exhibe a la mujer como un objeto de deseo. También evidencia la tendencia de los cantantes de reguetón a exhibir licor, drogas, dinero en abundancia y demás excesos.

La reflexión acentúa lo dicho por Bourdieu (2000) en La dominación masculina, para quien la exclusión de las mujeres de papeles funcionales en las decisiones políticas y económicas, la han convertido en una especie de entidad doméstica de importancia reproductiva, cuya importancia se reduce a la conservación de linajes.

La violencia y el tráfico de drogas

reguetón

Portada del disco Armados y peligrosos de la compañía Full Records

En este artículo no solo cabe una discusión sobre el super macho. La felicidad, por citar otro caso, depende casi siempre de su estatus socioeconómico. Se es feliz por tener mucho dinero, vivir en mansiones, poseer joyas de gran tamaño, vestir con prendas a la moda.

La arenga hiperconsumista exhibida en la mayoría de videos musicales configuran una cultura del trabajo que depende de la capacidad de cada individuo para obtener mayor capacidad para adquirir bienes materiales.

Curiosamente, en muchas de las canciones no se menciona a la industria como fuente de los recursos, sino que las letras hacen una apología a la obtención de dinero fácil a través acciones delictivas. Para ello, crean una serie de normas con patrones de comportamiento que identifican a los auténticos representantes de la cultura. En la denominada “ética del jodedor” usan cogniciones ligadas al narcotráfico, el uso indiscriminado de armas, la resolución de conflictos con violencia y el consumo desmedido de estupefacientes.

“la violencia que se vincula al reggaetón no solo se encuentra en la estética de su música o sus videos, pues las historias son protagonizadas en la realidad por ellos mismos” Gómez (s.f).

Muchos de los jóvenes que consumen al reguetón como modelo cultural, se apropian de la estética proyectada por los cantantes y ven en el discurso de la ilegalidad, un elemento de diferenciación que les ayuda a sobresalir en la sociedad.

Esto hace que se generen vínculos emocionales entre cantantes, producto y consumidores, especialmente los de menor estrato social, puesto que las mediaciones datan sobre muchas de las rutinas de la desigualdad a las que se ven expuestos los países en vía de desarrollo.

Para explicar el caso mejicano, Martinez Noriega (2012) asegura que:

“Es una especie de reflejo de la situación que hoy en día enfrenta la población juvenil, la cual es resultado de diversos fenómenos: la desintegración familiar, la falta de empleo, la falta de educación y el desinterés del Estado por impulsar políticas que propicien un apoyo a las nuevas generaciones. El reggaeton retrata la sociedad actual: una sociedad superficial, frívola, donde los valores económicos se superponen, y el desarrollo político y democrático enfrenta retos impresionantes. Hay que resaltar que esta juventud reggaetonera es también resultado de una sociedad descompuesta, son efecto de una sociedad de masas, de consumo, de malas estrategias políticas y de corrupción” (p.21)

Martinez (2007) cree que algo semejante pasa con el rap, donde el esquema “fuera de la ley” es un producto de la ficción que “transforma la estética de la violencia en un argumento de venta”.

¿Y qué sucede en Colombia con el reguetón?

Pese a que en el país este género está siendo consumido no solo por sectores populares y desapartados, sino también por una buena parte de la clase media y alta, las influencias en zonas deprimidas de ciudades como Cali o Medellín, pueden asociar a la estética del narco con el sistema de valores de un reguetonero.

La ostentación onerosa del ajuste de cuentas catapultó al cantor traqueto como ejemplo de triunfo, por eso, que la oferta de sonidos “callejeros” abunde en las estaciones de radio comercial.

La confrontación de egos y poder de los corridos prohibidos mejicanos fue desplazada por la ascensión de narco-cantantes de reguetón citadinos, que definen a la fuerza pública como un enemigo al que hay que exterminar.

La elevación del culto a la personalidad de delincuentes como Joaquín “el chapo” Guzmán o el otrora símbolo criollo Pablo Escobar, sumada a una constante proclama del todo vale, que cada vez más viene en aumento, debe de advertir al Estado sobre las costumbres que vienen adoptando niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Aprovechar la repercusión social de este movimiento puede servir para identificar factores de atención primaria, que doten de mayores oportunidades a los pueblos cada vez más afectados por la inequidad.


Apéndice: en la Fundación de español urgente “Fundéu BBVA”, se recomienda escribir reguetón en lugar de reggaeton o reggaetón. Más información aquí.

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